Decirle que no a lo que a simple vista te hace bien, ¡vaya osadía! Poner puntos, poner pausas, darle un tiempo a todo aquello que cuesta dejar de lado.
Intentar renunciar al motivo de tu sonrisa y tus lágrimas.
Estar deprimido por no tener una real razón por la cuál deprimirse. Dudar de tu propia felicidad.
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