
Yo no tenía ganas de reir, tú reías para no llorar;
yo le guiñaba un ojo a mi nariz, tú consolabas a tu soledad.
Yo sin ninguna escoba que vender, tú con mil y una noches que olvidar;
a mí no me quería una mujer, a ti se te moría una ciudad.
Tú habías perdido el último autobús, a mí me habían echado de otro bar;
los mismos alfileres de vudú, el mismo cuento que termina mal.
Pero quiso el cielo bautizar el suelo con su gota a gota
y con champú de arena para tu melena de muñeca rota
y tu mirada azul me dijo a cara o cruz y mi alma de tahur lo puso a doble o nada.
Y los peces de colores de mis botas y tus marchitos zapatitos de tacón
locos por naufragar salieron a bailar al ritmo de la lluvia sobre las capotas
el rocanrol de los idiotas.
Yo no venía de ningún país, tú ibas camino de cualquier lugar;
conmigo no contaba el porvenir, de ti no se acordaba el verbo “amar”.
Yo no jugaba para no perder, tú hacias trampas para no ganar;
yo no rezaba para no creer, tú no besabas para no soñar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario