Fábrica de mitos para el consumo popular

jueves, 5 de agosto de 2010

La droga ideal

He intentado inútilmente ser feliz, pero cuanto más lo intento y más fracaso, me doy cuenta de que la felicidad se resume a un momento, una experiencia, sólo eso. Podría ser una tarde, una noche, un día. Pero no más, porque nada es eterno, nada es para siempre. Después de ese momento una completa soledad se apoderó de mi felicidad. Me hacés falta para tener una vida plena y completa. Lástima que no te importa, no te interesa. Sin embargo seguiré esperándote, resignada en mi soledad interminable, en mi agonía durarera y mi desesperanza cotidiana.
Ya es rutina despertarme sin vos, sin una palabra de aliento. Lo común se resume en un vacío en el pecho, y de nuevo, una insertidumbre. Pero una insetidumbre distinta, antes creía que quizás desperdiciara mi tiempo; ahora siento que tengo demasiado tiempo libre.
He querido mantener mi mente y cuertpo ocupados, pero lo cierto es que el no tenerte cerca me mata y el haberte perdido me condena. Ya no me acuesto con vos, y tampoco charlamos. Me encuentro sola y vacía. Sin saber para dónde patear, para dónde comenzar a caminar, si es que puedo hacerlo porque me tropecé y todavía no he podido levantarme.
Millones de caramelos hay en el mundo y yo justo elegí el más caro y ásido: vos querido, jamás podría querer a otro.

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