Fábrica de mitos para el consumo popular

viernes, 25 de junio de 2010

Corazón partido

Las lágrimas amagaban con salir de mis ojos. No se como lo hice, pero logré contenerlas, tome mi cuaderno, mi lápiz y comencé a escribir. Mis penas se fueron al instante, los ruidos de casa, los gritos de mamá, los llantos de mis hermanos y el dolor de mi pecho...
Me sumí en un silencio interminable. En mi mente sólo resonaban las últimas frases de él y el cumplido de una amiga que intentó apaciguar mi pena.
"Todo pasa por algo" me repito a mi misma en un vano intento de calmarme; "quizás no pase nada ahora, pero más adelante...". Basta. No quiero pensar en el mañana, no quiero volver a ilusionarme, a soñar despierta.
Tengo que aprender a no idealizar a las personas, a no obsecionarme y a tomarme las cosas con calma. Eso debo hacer.
Es duro ver como pasa el tren que te encantaría tomar, y no subirte. Verlo alejarse y saber que lo más probable es que no vuelva a pasar. Saber que ese tren tenía todo lo que siempre deseaste y que era imposible viajar incómoda estando una vez en él. Sin embargo ya partió y ahora observo como se va sabiendo que tarde o temprano alguien va a subirse y va a saber aprovechar lo que yo no; mientras, lo único que me queda es esperar. Quizás pase otro y sea mucho más confortable. Quizás vuelva a pasar el mismo. No lo sé. El tiempo lo dirá.
La impaciencia me condena y la insertidumbre me mata.

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