Las lágrimas amagaban con salir de mis ojos. No se como lo hice, pero logré contenerlas, tome mi cuaderno, mi lápiz y comencé a escribir. Mis penas se fueron al instante, los ruidos de casa, los gritos de mamá, los llantos de mis hermanos y el dolor de mi pecho...Me sumí en un silencio interminable. En mi mente sólo resonaban las últimas frases de él y el cumplido de una amiga que intentó apaciguar mi pena.
"Todo pasa por algo" me repito a mi misma en un vano intento de calmarme; "quizás no pase nada ahora, pero más adelante...". Basta. No quiero pensar en el mañana, no quiero volver a ilusionarme, a soñar despierta.
Tengo que aprender a no idealizar a las personas, a no obsecionarme y a tomarme las cosas con calma. Eso debo hacer.
Es duro ver como pasa el tren que te encantaría tomar, y no subirte. Verlo alejarse y saber que lo más probable es que no vuelva a pasar. Saber que ese tren tenía todo lo que siempre deseaste y que era imposible viajar incómoda estando una vez en él. Sin embargo ya partió y ahora observo como se va sabiendo que tarde o temprano alguien va a subirse y va a saber aprovechar lo que yo no; mientras, lo único que me queda es esperar. Quizás pase otro y sea mucho más confortable. Quizás vuelva a pasar el mismo. No lo sé. El tiempo lo dirá.
La impaciencia me condena y la insertidumbre me mata.
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