Pensé que él merecía mi corazón, pero me equivoqué, otra vez me equivoqué. Y así paso las semanas; más rápido de lo que me gustaría, más lento de lo que me gustaría. Entre la insertidumbre y la certeza de tu olvido, de tu recuerdo, del amor que algún día juraste eterno. Y sólo a veces, la voz se me qiebra y mi corazón se rompe, pero sólo a veces, ya casi puedo manejarlo entre la insertidumbre y la certeza.
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