Detrás de la obseción está el verdadero amor. Este amor que se ocultaba en esa arma letal cargada de ilusiones y lujuria. Este amor que no prosperó, pero que cada vez crece más y, doy fe a que por mi parte, nunca va a acabar. Porque es amor, no obseción. Siempre creí que mis penas no durarían más
de lo necesario. Pero al observar como los segundos, minutos, horas y días pasan cada vez más lentos, me doy cuenta que caí en un pozo... ¿Quién me tirará una soga?
No hay comentarios:
Publicar un comentario