Fábrica de mitos para el consumo popular

viernes, 16 de julio de 2010

El primer suspiro del amor es el último de la cordura!

Como quien viaja a lomo de una yegua sombría por la cuidad camino, no preguntéis a donde. Busco acaso un encuentro que me ilumine el día, y no hallo más que puertas que niegan lo que esconden. Las chimeneas vierten su vómito de humo a un cielo cada vez más lejano y más alto. Por las paredes ocres, se desparrama el zumo de una flauta de sangre crecida en el asfalto. Ya el campo estará verde, debe ser Primavera, cruza por mi mirada un tren interminable, el barrio donde habito no es ninguna pradera, desolado paisaje de antenas y de cables. Vivo en el número siete, calle melancolía. Quiero mudarme hace años al barrio de la alegría, pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía y en la escalera me siento a silbar mi melodía. Como quien viaja a bordo de un barco enloquecido, que viene de la noche y va a ninguna parte, así mis pies descienden la cuesta del olvido, fatigados de tanto andar sin encontrarte. Luego, de vuelta a casa, enciendo un cigarrillo, ordeno mis papeles, resuelvo un crucigrama, me enfado ocn las sombras que pueblan los pasillos y me abrazo a la ausencia que dejas en mi cama. Trepo por tu recuerdo, como una enredadera que no encuentra ventanas donde agarrarse, soy esa absurda epidemia que sufren las aceras. Si quieres encontrarme ya sabes donde estoy vivo, en el número siete, calle melancolía...

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